lunes, 25 de junio de 2007

En diciembre haré hallacas

Mi mamá siempre ha dicho que en la casa es muy duro lidiar con tres hombres: papá, mi hermano y yo. Básicamente su queja un tanto sexista tiende a recalcar mi desapego por actividades como: cocinar, lavar, y otros rasgos marcados que clasifica como propios del género masculino: desordenar por donde se pasa. "Por acá pasó Tania" dice cuando ve algo fuera de lugar. Papá y yo refutamos tal expresión con una pregunta simple que surte efecto inmediato: "¿acaso las cosas nacieron allí?". Cuando he salido de viaje me comentan que siempre se dan cuenta de mi ausencia y extrañan aquello de que las cosas cambien de sitio.

Otros de los aspectos que mamá ve en mí, guiados por la testosterona, son: zapping frente al televisor, desinterés por los programas al estilo de "sábados felices", o lo que denominamos en casa (con mi padre) "si piensa pierde", y una característica que ella llama "ser pata caliente" o "inquilina de la casa", "huésped" o cualquier otra expresión que manifieste su descontento con relación al tiempo que paso en casa. Además, siempre me encuentra similitudes increíbles con mi padre en todo cuanto hacemos. De paso, mi hermano y yo somos dos versiones del fenotipo de papá, no hay nada que hacer al respecto, los parecidos son evidentes. En la queja de que soy otro más del grupo de chicos de la casa está también la sutil crítica a que si me gusta alguien lo hago evidente, sonrío más de lo acostumbrado, e incluyo al sujeto en cuestión en mi grupo de amigos. Supongo que la extrañeza se debe a la brecha generacional, pero igualmente me causa gracia. Arriba vemos una foto de mis padres en una fiesta de navidad.

Me acuerdo de esto con cariño, lo tomo en juego, y hasta veo ciertas cuotas de razón en la queja. En respuesta a ello, envío mi promesa de hoy. En diciembre Madre, haré las hallacas contigo, será como los rituales navideños que las madres e hijas venezolanas realizan y en los que quizás hace unos 19 años no participo. Nunca pensé decir algo así, pero a fuerza de extrañar lo propio, lo que siempre se tiene y desestimamos hasta que no está, quiero hacer hallacas.

9 comentarios:

Daniel Eduardo dijo...

Hola antes de irte tienes que hacer las hallacas en Bogotá para que tus amigos de acá también podamos probarlas. jajaja un abrazo

Davidache dijo...

Hola Tania!!

Vengo a agradecerte tu visita y tus comentarios a mi blog y a decirte la vieja frase "Siempre Bienvenida" que aunque no por vieja deja de ser exacta...pero me encuentro además con que tu página es super simpática. Pensé leer uno o dos posts pero leí todos los actuales así que seguramente te estaré rondando y comentando virtualmente si su merced me lo permite.

Cordialmente!

Anónimo dijo...

Bueno, cuando vengas para aca, tienes que mentalizarte en hacer y reservar por lo menos 5 para mi.

LCR

Tania L. Nieto dijo...

Claro que sí Luisillo, con todo gusto reservo cuatro.

Tania L. Nieto dijo...

Daviache, gracias a tí, desafortunadamente no he podido regresar a tu blog, porque no se me permite a través del link que dejaste en tu comentario. Un saludo y pasa cuando quieras por acá

Tania L. Nieto dijo...

Dani Dani, pues está difícil la cosa, más fácil es que te las traiga de allá congeladitas. un beso!!!

Anónimo dijo...

hija me emociona mucho que en diciembe quieras participar en el ritual de hacer las hallacas, es verdad solo bastó sentir la añoranza para ver lo importante de las cosas "simples" de la vida cotidiana.bravo por eso besos

Tania L. Nieto dijo...

Qué bella Madre, allá estaré cumpliendo con la promesa de hacer hallaquitas. Besos.

Víctor Solano dijo...

Pues yo me apunto a una de las hallacas que "iban" a ser para Daniel Eduardo jejeje.